Sobre nosotros

La contingencia es la marca de lo real, o como podemos, quizás, acceder a su inefable empuje…

NOSOTROS, es fruto de la contingencia. Aquella que llevó a dos sujetos apresados por su historia a no poder más que relacionarse con lo excluido del discurso y a encontrarse en una Institución encargada de su gestión. La Locura, el límite extremo de la libertad, gestionada bajo los dispositivos del discurso científico, fue el marco de nuestro encuentro.

¿Que hacer ante la angustia que suscita lo imposible de suturar? ese fue nuestro proyecto, y la respuesta sólo habría de ser Una; la cuestión estética.

Nuestras historias previas:

El psicoanálisis Lacaniano se constituye como lengua y como práctica a desarrollar; la creación artística como lo que  configura los bordes de lo inabordable.  Las sesiones destinadas a la formación de una analista, alcanzar su fin. La creación artística a superar los límites y a ampliar sentidos. Tálatos a imponer su Voz. Posiciones éticas que bordean contradictorios y una elección forzada. Cae el psicoanálisis, el analista abandona su posición, la analizante su trabajo analítico y el amor se hace cargo del camino. Lo que desde la institución veíamos imponerse como lo Real, lo inasible, lo que transforma, lo que hace huella y resignifica los sentidos,  se hace cargo de nuestras vidas.

La analizante debe hacerse cargo de su análisis con otro analista, el analista hacerse cargo de las consecuencias del límite franqueado y al tiempo ninguno renuncia a lo hallado. Ese encuentro contingente que rompe con los vínculos antes contraídos y da comienzo de uno nuevo, anclado en lo más éxtimo de cada cual; aquello que siendo lo más íntimo, arrojamos al exterior como intolerable. ELLO gobierna.

Tiempo de espera, momento de comprender, en el que la lengua psicoanalítica agota sus sentidos deshace anudamientos y  LA Angustia.

¿Cómo dar testimonio, hacer confesión de la huella?

Una única respuesta: La cuestión estética.

Devenir Arte-Vida como elección, hacer presente lo ausente. Un claro en el bosque.

francevoice

 

 

 

 

 

2 Comments

  1. Sonia Frade said:

    Caminos que son más fuertes que el yo, que van en línea recta y cuesta abajo cuando en realidad no quieres salir del laberinto. Divinos porque superan todas las fuerzas humanas, aceleran el latido y la respiración, y paralizan el tiempo. Dejan entrever el final, pero imposible distinguir la boca del infierno de la del cielo.

    Sobre la creatividad, W. Tatarkiewicz, “Historia de seis ideas”:
    Producir cosas nuevas amplía el marco de nuestras vida … es una manifestación del poder de independencia de la mente humana, una manifestación de su individualidad y singularidad. Con frecuencia también se da un aspecto hedonista en este juicio positivo; la creatividad beatifica tanto a aquellos a quienes beneficia como a los creadores mismos; para muchos, es una necesidad sin la cual no pueden vivir. “No puedo” – escribía Van Gogh – , “prescindir en mi vida y mi pintura de algo que es más fuerte que yo, que es mi vida – de la capacidad de crear.”…. Culto a la capacidad sobrehumana – divina, por decirlo así – del hombre. “En la raíz de toda creatividad “, escribió Igor Stravinsky ” uno encuentra algo que está por encima de lo terrenal”.

    15 agosto, 2015
    Reply
  2. Europa Nin said:

    Padre me pidió que me acercara. Estaba echado de espaldas y no podía moverse.
    —Déjame besar tu boca —dijo.
    Y me rodeó con sus brazos. Dudé. Me torturaba la complejidad de mis sentimientos. Quería su boca, pero sentía miedo, como si fuera a besar a un hermano. Tentada, al mismo tiempo asustada y deseosa. Tensa. Sonrió y abrió su boca. Nos besamos, y aquel beso desató una oleada de deseo.
    Yo estaba inclinada sobre su cuerpo y sentí su deseo en mi pecho, duro y palpitante. Otro beso. Más terror que gozo. El gozo de algo innombrable y oscuro. Era bello, como un dios, y femenino, seductor y cincelado, duro y suave. Pasión intensa.
    —Debemos evitar la posesión —dijo—, pero, oh, déjame besarte.
    Acarició mis pechos y se me endurecieron los pezones. Me resistí, dije que no, pero mis pezones se pusieron duros. Y cuando su mano me acarició —oh, qué sabias eran sus caricias— me derretí. Pero, durante todo el rato, una parte de mí seguía dura y aterrorizada. Mi cuerpo se entregaba a la penetración de su mano, pero resistía, resistía al placer. Me resistí a mostrar mi
    cuerpo. Sólo desnudé mis pechos. Me sentí tímida y retraída, pero apasionadamente conmovida.
    —Quiero gozar, gozar —decía él.
    Y sus caricias fueron penetrantes, sutiles; pero yo no podía y quise escapar de él. De nuevo me eché sobre él y sentí la dureza de su pene. Lo descubrió y lo acaricié con mi mano. Vi cómo se estremecía de deseo.
    Con una extraña violencia, me levanté la negligé y me puse encima de él.
    —Toi, Anaïs! Je n’ai plus de Dieu!
    Extasiado su rostro, y yo frenética por el deseo de unirme con él… ondulándome, acariciándolo, pegada a su cuerpo. Su espasmo fue tremendo, con todo su ser. Se vació por entero dentro de mí… y mi entrega fue inmensa, con todo mi ser, sólo con aquel rincón de miedo que me impedía el supremo espasmo.
    [..]
    Cuando atravesé el oscuro pasillo hacia mi habitación (con un pañuelo entre mis rodillas, porque su esperma es superabundante), soplaba el mistral y sentí un velo que me separaba de la vida, de la alegría. Todo esto se había desarrollado como debía, gloriosamente, pero sin la última chispa de alegría, porque en ciertos momentos fue el amante desconocido, el español encantador, experto en seducciones, amante enamorado de su mente, de su espíritu, de su alma, mientras que en otros momentos fue demasiado íntimo, demasiado parecido a mí, con los mismos retraimientos de miedo y falta de confianza, el mismo survoltage, la misma sensibilidad exacerbada.

    2 septiembre, 2015
    Reply

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *